Pagar por el Silencio
La Opinion - 2 de Marzo de 2007
Por Róger Lindo
En el interior de la casa de María Verduzco-Smith, poder escuchar el fragor de la autopista 105, que corre a una cuadra de su vecindario, es el menor de dos males.
Ordinariamente, los enormes —y ruidosos— aviones comerciales que sobrevuelan su propiedad cada tantos minutos acallan hasta eso, sólo que hoy, debido a las obras de ampliación de la pista sur del Aeropuerto de Los Ángeles (LAX) los vuelos se han reducido.
Afortunadamente, cuando el tráfico aéreo recupere su normalidad, la tranquilidad de Verduzco, así como la de miles de estudiantes y familias de Lennox e Inglewood estarán garantizadas gracias a un acuerdo entre esas comunidades y Aeropuertos Mundiales de Los Ángeles (LAWA), la entidad que opera el LAX.
Ésta, conjuntamente con el gobierno federal, la Junta de Supervisores del condado de Los Ángeles y la municipalidad angelina, han destinado 500 millones de dólares para atenuar el ruido en las escuelas y viviendas de esas dos ciudades, así como para mitigar el impacto que produce en sus vidas el tercer aeropuerto con más tráfico de la nación.
Según los términos del convenio, las paredes, ventanas, puertas y techos de siete escuelas y aproximadamente 8,200 viviendas serán acondicionadas acústicamente para protegerlas del ruido que producen los gigantescos aparatos que cotidianamente sobrevuelan la zona, y que sólo puede aumentar una vez finalice la ampliación del LAX.
"Las obras en mi casa empiezan en abril; la semana pasada vinieron a inspeccionar y tomar medidas de las ventanas y la puerta", dijo Verduzco-Smith, analista de la empresa Xerox ya jubilada, y hoy dirigente de base en Lennox, además de integrante de la Junta Escolar de Lennox.
Según cálculos de la Comisión de Desarrollo Comunal del condado de Los Ángeles los trabajos de acondicionamiento acústico en propiedades como la de Verduzco-Smith, ascienden a 38,500 dólares por unidad. Toda la cuenta empero correrá a cargo del gobierno. Está previsto que los trabajos de acondicionamiento estén finalizados entre este y el año que viene.
El feliz entendimiento entre Lennox e Inglewood, por un lado, y el estado, por el otro, está plasmado en el Acuerdo de Beneficios Comunitarios (CBA), un documento que no hubiese sido posible sin el protagonismo de la Alianza para una Nueva Economía en Los Ángeles (LAANE), cuyos organizadores han estado trabajando en esa área por varios años.
El fruto de esa acción fue la fundación de la Coalición LAX para la Justicia Económica, Educativa y del Medio Ambiente, formada por 23 organizaciones populares, dos distritos escolares —Lennox e Inglewood—, organizaciones defensoras del medio ambiente, grupos religiosos de distintas denominaciones y sindicatos. Con la fuerza que se desprende de la unidad, y contando con activistas incansables como Verduzco-Smith, ese conglomerado ha negociado eficazmente con los gobiernos locales y con la Administración Federal de Aviación, la dependencia que regula el tráfico aéreo y las operaciones aeroportuarias de la Unión Americana.
Además de existir un acuerdo para proteger del ruido de los aviones a los hogares de esas dos poblaciones, y fruto de ese mismo esfuerzo, está en marcha una iniciativa para estudiar y controlar la contaminación del aire producida por el aeropuerto.
De hecho, explicó Verduzco-Smith, LAWA accedió a reducir el tiempo que los motores de los aviones permanecen prendidos cuando se encuentran en la terminal. Para ello se necesita operarlos con electricidad, conversión que ha tenido lugar ya en un 55% de los puntos de carga y descarga de la instalación.
Pero la alianza tiene miras que van más allá de reducir el nivel del ruido y contaminación en Lennox e Inglewood. Por ejemplo, explicó Flor Barajas-Tena, analista de políticas de LAANE, esas comunidades están gestionando con LAWA el uso de fondos federales para que se apliquen y extiendan a ellas los beneficios económicos que comporta la existencia de tan importante terminal aérea, entre ellos la apertura de puestos de trabajo en el LAX.
El Aeropuerto de Los Ángeles no ha sido modernizado desde 1984, año en que se celebraron en esta ciudad los Juegos Olímpicos. Por 10 años, la administración del LAX intentó echar a andar un proyecto masivo de ampliación, que no fructificó debido a la oposición de las comunidades residenciales vecinas.
Sin embargo, en 2003, durante la administración de James Hahn se aprobó un plan más limitado que apunta a hacer del aeropuerto una instalación más segura contra ataques terroristas, al mismo tiempo que se acondicionan las pistas para poder recibir al superjumbo A380 de la Unión Europea, capaz de transportar hasta 800 pasajeros.
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